Poder observar
en el cielo una ráfaga luminosa cruzándolo, desde
siempre estuvo asociada al pedido de un deseo.
El origen de estos cohetes resplandecientes, llamados estrellas
fugaces, debemos buscarlos en los cometas remotos.
Los cometas pierden trozos de su materia que, al entrar en la
orbita terrestre, rozan con el aire; la fricción es tan
intensa que se ponen incandescentes y se queman trazando, entonces,
esa raya de luz que vemos en el cielo.
En su viaje alrededor del Sol, la Tierra cruza la orbita de un
antiguo cometa. Dicha orbita esta sembrada de meteoritos (desprendimientos
de cometa). Cuando nuestro planeta los encuentra en su camino,
los meteoritos atraídos por el penetran en la atmósfera
y se transforman en estrellas fugaces. Se producen verdaderas
lluvias de estas estrellas, alrededor del 23 de julio y 10 de
agosto, fecha en que la Tierra pasa por las zonas donde abundan
los meteoritos. Mucho mas interesante es el espectáculo
que nos ofrecen los cometas que, durante largo tiempo, se consideraron
misteriosos; pero ahora sabemos que están formados por
materiales desprendidos del Sol en épocas remotísimas.
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